Cómo enseñar a un amigo

Hoy vamos a comentaros cómo debéis enseñar a alguien que no sepa esquiar, puesto que en algunas ocasiones puede resultar imposible contratar a un profesional.

Un profesor, debidamente titulado por supuesto y con años de experiencia es alguien paciente, que conoce a la perfección el mundo de la nieve y sabe como acelerar nuestro proceso de aprendizaje para que comencemos a disfrutar del esquí desde el principio, pero por motivos económicos, de tiempo, de logística o de indisponibilidad entre otros, contratarle puede ser inviable.

Es cierto que los técnicos somos muy contrarios a que os enseñe un familiar o amigo por varios motivos:

  1. En primer lugar os llevaran casi de inmediato a una pista difícil. Y los motivos son dos: El primero porque tienen ganas de esquiar en una pista de su nivel, y el segundo porque quieren que les veáis lo bien que lo hacen en una pista complicada para vosotros aprendices.
  2. La repercusión en vosotros es que no aprenderéis nada, cogeréis defectos que luego serán casi imposibles de corregir, no vais a disfrutar del esquí y os arriesgáis a lesionaros vosotros y a terceros, ya que no controláis ni la frenada ni los giros. Pero además no os va a gustar esquiar y no vais a querer volver a ir a la nieve. 

En caso de que hayáis desestimado al profesional, lo primero, es muy importante prestar atención al material con el que váis a comenzar. Los esquís deben ser modernos, estar en buen estado, deben ser de vuestra talla y las fijaciones debe regularlas un profesional y nunca vuestro amigo por mucho que “él sepa”.

Las botas deben ser de ganchos para una mayor sujeción y efectividad.

Ya en la nieve, el “enseñante, ayudante o dirigidor”, lo primero debe elegir una pista adecuada, y eso suele significar ir al completo llano.

Se comenzará enseñando a poner y quitar los esquís.

Se informará de los elementos y posiciones más importantes para esquiar, como son las partes del esquí y el funcionamiento de las fijaciones, la intención de permanecer en una posición relativamente cómoda, relajada y centrada, e intentando apoyando la mayor parte de su su peso en las lengüetas de la botas.

Se continuará ejecutando numerosos ejercicios en parado hasta que adquiera una mínima destreza con todo este material. Aquí se debe indicar la posición básica para esquiar.

Posteriormente en movimiento se enseñará a desplazar dando vueltas sobre uno mismo, a caminar de lado, a empujarse hacia delante y hacia atrás con los bastones, empujarse adelante al tiempo que se abre cuña deslizando, etc.

Luego se comenzará a subir unos pocos metros en escalera por la pendiente para luego bajar en la posición de descenso directo.

Cuando lo ejecute correctamente y siempre tras varias repeticiones (algunas de ellas con algo de dificultad como saltar, agacherse, o hacerlo manteniendo el equilibrio en sobre un esquí unos instantes), se podrá avanzar hasta el descenso directo y finalmente deslizar en la posición de cuña.

Tras hacer una simple apertura de cuña primero hacia un lado y posteriormente hacia otro, comenzaréis a enlazar varios giros en cuña.

Y si vosotros habéis sido capaces de enseñar todo esto en una mañana a vuestro acompañante y conseguir que lo realice, podréis daros por satisfechos para el primer día. Entonces ya podréis subir por la alfombra mecánica y repetir varias bajadas disfrutando de subir en un remonte pero sin llegar al agotamiento. Es importante evitar contratiempos siempre, pero especialmente el primer día para no tener un mal recuerdo.

Si vuestro “aprendiz” no lo ha conseguido por el mal genio del “recomendador” así como por los ineficaces métodos de enseñanza utilizados, siempre podréis contratar a un técnico. Este deberá resolver la situación de angustia, desencanto, miedo y vicios adquiridos. No será fácil, pero si es realmente bueno, lo conseguirá.

¡Y entonces sí!

¡A disfrutar del esquí!

 

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